11 noviembre 2009

Llegada (Astria VII)

Gamilios descendió con rapidez por la estrecha escalera que daba acceso al patio interior de la fortaleza de Astria. En su rostro podía notarse la urgencia además de una notoria congestión que indicaba que se encontraba reteniendo un acceso de furia - ¡Cómo no le habían avisado de la llegada de la princesa?- El aire fresco de la mañana le golpeó, sosegándole un poco, en cuanto puso un pie fuera.

Cuando por fin llegó a la puerta principal la escena que vio le resultó desoladora. La princesa llegaba en un carruaje que nada tenía que ver con el que había dejado Adamir, de eso estaba seguro y, de los 4 hombres que la escoltaban sólo reconocía a Garal.

Con rapidez se acercó al grupo de soldados y criados que atendían las necesidades de la princesa y la ayudaban a descender en esos momentos del carromato. Sin palabras, con una mera mirada, le indicó a Garal que tenía que hablar con él. El soldado asintió lévemente y ambos hombres se separaron discretamente de los otros. Algunos intentaron preguntarle al soldado qué había pasado, pero una ojeada a la presencia del duque bastaba para que callaran.

- ¿Qué ha ocurrido?

En el tono de voz de Gamilios se notaba preocupación a la vez que alivio.

- El carruaje se quedó clavado a causa del barro en el camino. Las últimas lluvias lo dejaron casi impracticable. Y, en ese momento, un grupo de hombres nos asaltó. A duras penas logramos llegar a la posada.
- ¿Y el resto de los hombres? ¿Y C'Aristos?
- Tras terminar con todos los bandidos nos dejó, se le notaba presa de una gran agitación. Sólo nosotros dos, además de la princesa, su ama y el cochero, sobrevivimos.
- ¿Os dejó? ¿Por qué motivo?
- No dio ninguno, sólo dijo que nos encontraríamos en Astria, entiendo que aún no ha llegado.
- No, no lo ha hecho. Vé a descansar, ya me contarás después con más detalles frente a un buen estofado y una abundante copa de vino.

Garal inclinó la cabeza y se retiró. Gamilios se quedó mirando al vacío, pensativo. Le costaba creer lo que había sucedido. En su mente comenzaban a acumularse preguntas sin respuesta junto a la poca información de la que disponía. Un dolor comenzó a crecer sobre sus sienes. Al día siguiente iba a tener que hablar demasiado. Sin duda el rey y el consejo le pedirían respuestas...

06 noviembre 2009

¡Siiiiiiiii!

Me encantaría decir que el título de esta entrada es: porque me ha tocado la lotería, porque me he enrollado con una top model, porque me han subido el sueldo, porque mi amigo Pedro ha publicado su primer comic para Marvel, DC o cualquiera de las editoriales importantes, porque D.F.B.S. ha entregado su tesis, porque mi madre ha encontrado trabajo, porque... No sé, se me ocurren cientos de mejores "porqués" para una entrada con este título, pero no, desgraciadamente es un "Siiiiii... Lo han hecho. Han dado un paso más en quitarnos un poquito más de libertad"

Ayer me comentaba mi madre que el Parlamento Europeo había aprobado una ley por la cual pueden cortarle a cualquier usuario el acceso internet sin orden judicial previa. Claro, yo en mi inocencia y creyendo que éste organismo seguiría operando con su buen juicio, como había sido hasta ahora, no podría haber hecho tamaña cosa, que mi madre debía haber entendido mal la noticia; pero sí, ¡lo han hecho! Imagino que cuando uno tiene "juicio" existe la posibilidad de perderlo. Lástima.

En general es algo que podía verse venir puesto que ya lo dice un refrán: "Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar". Aún con esta Ley parece, aunque no estoy del todo seguro, que dependerá del Gobierno del propio país llevarla a cabo o no. Vamos, que no queda por encima de las leyes propias, por lo que en España aún, y curiosamente, estamos a salvo; pero me remito a mi anterior frase popular. En este caso los vecinos son Francia e Inglaterra, así que no dudo de que pronto seguiremos su camino con las "piernas" del parlamento de la UE. abiertas de par en par y "los glúteos en pompa".

Lo que más "gracia" me hace, gracia de esa comparable a cuando subfre de: un cólico nefrítico, un ataque agudo de cirrosis o un precioso y bonito dolor de muelas; es que digan que "con la nueva ley se vela por el derecho a la privacidad y la presunciónd e inocencia" Y yo me pregunto, en serio, ¿cómo? Cómo demonios se hace eso, porque si no pueden ver mi tráfico por el derecho de privacidad entonces en ¿base a qué me van a cortar la conexión? ¿Y si soy inocente entonces por qué me la cortan? Ah! No, tranquilo, que puedo recurrir, mi defensa, mi herramienta, es que un juez me defienda porque se han pasado por el forro mis derechos porque hay una ley que se lo permite a ¿quién? No sé si os dais cuenta de la ironía.

Tal y como lo veo esta ley es una mentira para una de las dos partes. O para las corporaciones detrás de la aprobación de la misma o para el usuario. Yo, con nada más ver que se haya aprobado, tengo claro para quien es la gran mentira.

Presunción de inocencia: grabamos tus conversaciones por si... te registramos con nombre y apellidos tu teléfono móvil "por si eres un terrorista" PERO RESPETANDO TU PRIVACIDAD (sí, aquí por lo menos se supone que solo se escuchará con la orden de un juez) y ahora podemos ver tu tráfico de red, bueno, esto no está claro si pueden hacerlo pero sí te pueden cortar porque sospechen... Ergo ¿Mi derecho a la privacidad donde queda si analizan mi tráfico para cortarme? ¿Y mi presunción de inocencia? Señores que justifican esta aprobación de ley con una supuesta protección de la privacidad y la presunción de inocencia: "No existe presunción de inocencia ni derecho a la privavidad a posteriori porque en el momento que se actúe contra el usuario vigilando su tráfico y cortándole por ello la red, ya se han violado estos dos principios".

Reto a cualquiera entendido en leyes que me explique, me defienda y justifique... No, es más, que me demuestre esto de una forma razonada, lógica y medianamente científica. Pero obviamente es imposible porque lo negro es negro y lo blanco blanco. Ahora mismo podría poner un ejemplo que sería muy bruto pero me lo voy a ahorrar por respeto a algunas personas a las que tal vez podría herir su sensibilidad.

Y no solo me indigna por la indefensión que siento, que es como si se le permitiera a cualquiera que "me violara" y encima yo tuviera que demostrar que eso no era correcto... Si no que se adopten medidas, leyes, inútiles, que van en contra del ciudadano para el cual, entiendo yo, que deberían de existir las leyes, para su mejor calidad de vida, para protegerle a él y no a otros; cuando deberían estos señores enfocar sus esfuerzos precisamente a solucionar las desigualdades sociales, a lograr una sociedad más justa... Pero no, el camino es el de cada vez más injusticia. ¡Mi enhorabuena al Parlamento Europeo por su buen hacer tan equivocado! ¡Aplausos señores! ¡Aplausos! Disculpenme si cada vez más pienso que los organismos gubernamentales están al servicio de entidades desconocidas con intereses ocultos y no, desde luego y como debería, no al servicio del ciudadano.

Enlaces relacionados con "La nueva ley aprobada por el Parlamento Europeo"

http://www.elmundo.es/elmundo/2009/11/05/navegante/1257426130.html

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/UE/da/via/libre/corte/Internet/pasar/juez/elpepusoc/20091106elpepisoc_4/Tes

05 noviembre 2009

Precisión (Astria VI)

Las calles estaban abarrotadas. La plebe se amontonaba en las calles y en la plaza de Marmin (La plaza mayor de la ciudad, justo frente al templo de Eral y la casa del burgomaestre, así como el lugar del mercado cada primer día de la semana)

Las puertas del templo de Eral se abrieron de par en par y una pequeña nubecilla de humo salió al exterior. Un fuerte olor a mirra, incienso y algunas otras sustancias aromáticas, se extendió poco a poco por la calle.

No tardó en aparecer el sumo sacerdote de Eral acompañado de los nueve altos emisarios (así se llamaba a los siguientes al sumo en la escala jerárquica del culto a Eral) Alrededor de ellos un numeroso grupo de guardias vigilaban cualquier movimiento sospechoso. Incluso había algunos repartidos por las calles y edificios cercanos. Se había especulado demasiado sobre un posible intento de asesinato y los ánimos estaban tensos, más en aquel momento en el que era fácil hacer blanco. A lo largo de la historia el cambio en la dirección del culto a Eral se había producido en extrañas circunstancias, motivo por el cual la sensación de peligro era mayor; no obstante, un asesinato en público era poco probable. Tan sólo había ocurrido tres veces a lo largo de la historia Eraliana.

Las primeras palabras de la Cúpula, ese era el nombre del conjunto formado por el sumo y los altos emisarios, fueron el entonar una canción de alabanza a Eral. Las voces fueron sumándose una a una, primero el sumo y luego los dos hombres a su lado, así sucesivamente hasta que todos estaban cantando como una sola voz.

Un silbido suave, tenso y creciente, avisó a aquellos con mejor oido o más atentos a otras cosas que a la alabanza a Eral, de que una flecha viajaba en el aire. Pero apenas fue durante un instante. Tras el raudo sonido unas plumas azules, fijadas a un mástil de madera, aparecieron en el pecho del Emisario del condado de Brestal. El hombre cayó al suelo fulminado, rodando su cuerpo inerte escaleras abajo, hasta quedar tendido a apenas un metro de la primera linea del gentío agolpado alrededor del templo.

Lo primero que siguió a la caida del cuerpo del Emisario fue silencio, que apenas tardó un segundo en transformarse en un conjunto de gritos histéricos y caras excépticas.

Algunos guardias se apresuraron a tapar el cuerpo mientras, otros intentaban introducir a la Cúpula de nuevo en el templo y, otros, controlaban a la multitud e intentaban averiguar donde estaba el tirador.

29 octubre 2009

Encuentro (Astria V)

- ¡Duque Gamilios!

La voz provenía de su espalda, el interpelado se giró para encontrarse con el sumo sacerdote de Mistal, Egrios. Un escalofrío recorrió su espalda: no le gustaban los que rendía culto a aquella deidad y mucho menos Egrios.

- ¡Sumo! - Contestó casi mordiéndose la lengua.
- Me era desconocido que os hallaráis en la capital.

"Seguro..." Pensó el duque.

- Habréis traido, espero, algunos barriles de ese vino vuestro.
- Por supuesto, nuestra majestad no me perdonaría no hacerlo.
- Eso es una exageración, ¿y qué asuntos os traen hasta aquí?
- Probablemente sepáis más que yo sobre eso- Contestó esquivo Gamilios- Tan sólo recibí una citación a la corte de nuestro rey y acabo de llegar. De hecho me dirigía ahora mismo a presentarme ante él. ¿Si queréis acompañarme?
- ¡Oh! Muchas gracias, pero he de declinar, debo atender algunos asuntos con Mistal.
- Entonces en otra ocasión. ¡Buen día Sumo!
- Buen día Gamilios.

Sombras (Astria IV)

El día se presentó plomizo al alba y, a media mañana las nubes ya se encontraban descargando una lluvia suave pero intensa e insistente. Que además no tenía aspecto de cesar en varias horas.

El carruaje avanzaba penosamente por los caminos embarrados. Las ruedas se hundían y, en más de una ocasión había que detener la marcha para liberarlas y proseguir. Los hombres que cabalgaban a su lado, escoltándolo, se mostraban cada vez más nerviosos y ansiosos por llegar a la siguiente parada. Desde que salieran de Amadir el viaje no había dejado de estar lleno de dificultades.

Habían pasado dos horas desde el medio día cuando alcanzaron un grueso cartel de madera, clavado en el tronco de un árbol en el linde más inmediato al camino, que indicaba la distancia a "La Posada del Ganso Dorado". La comitiva se detuvo y, uno de los hombres a caballo, el que parecía estar al mando, sacó de sus alforjas un mapa que extendió ante sí. Tras unos segundos volvió a guardarlo y, con un gesto de la mano, reanudó la marcha.

El Ganso Dorado no estaba a más de 12 Km desde el árbol, pero el camino estaba en bastante mal estado a causa de la lluvia, que no cesaba de caer. A ambos lados del camino había numerosos árboles y, en muchos casos, las raices se dejaban ver en la carretera y no sólo esto, sino que la cantidad de baches se había incrementado con creces. Todo esto hacía que los ejes del carruaje gimieran como si fueran a partirse en algún momento. Al final, a falta de 7 Km ocurrió. Una de las ruedas cayó en un socavón invisible por los charcos y se partió con un crujido enorme, el carruaje se dobló y golpeó en el suelo. Las bestias lo arrastraron aún unos metros clavándolo aún más en el suelo.

La cara de una mujer mayor, algo entrada en carnes y con un tono bastante seco y desgradable se asomó casi inmediatamente.

- ¡Qué sucede capitán?- Demandó.
- Hemos roto un eje y, por favor, volved a meter la cabeza dentro y cuidad de vuestra señora.

Justo en cuanto la mujer apartó la testa de la ventana, una flecha golpéo en la madera clavándose fuertemente. Algunos virotes más siguieron al primero matando o, al menos hiriendo de gravedad, a dos de los seis hombres que custodiaban el carruaje.

- ¡Atención!

Gritó el capitán mientras desmontaba para ofrecer un blanco menos claro y escrutaba las sombras en busca de los atacantes. Apenas tuvo que esperar unos segundos para tener a 2 de sus hombres justo al lado con las ballestas de mano preparadas y protegiéndose tras los caballos. Los otros dos permanecían justo al lado del carruaje mientras los dos conductores intentaban arrastrar a los dos que habían caido hacia allí.

Una nueva lluvia de flechas hirió a uno de los soldados en el brazo, pero nada más que un rasguño y a uno de los conductores con algo más de gravedad, ya que el virote le atravesó el muslo de la pierna izquierda haciéndole caer.

Esta vez los soldados respondieron a los disparos y pudo oirse un gemido ahogado antes de que 12 figuras apareciesen entre las sombras de los árboles, lanzándos a la carga. Iban bien armados, demasiado.

Los guardianes del carruaje respondieron al asalto lanzándose también al ataque. En menos de un segundo los primeros golpes de lucha se hicieron patentes. Algunos asaltantes se dirigieron directamente al carruaje. Uno de ellos fue abatido con un virote en su pecho, los otros cuatro consiguieron llegar.

La fuerza del número logró abatir a uno de los soldados de la primera línea, pero no antes de que lograra eliminar a otro de los bandidos. Dos más no tardaron en acompañarle. Las cuentas estaban ahora 8 a 4.

El capitán de los soldados, a pesar de la intensa lucha, no dejaba de escrutar el lindero del bosque, estaba seguro de que había algunso bandidos más apostados, a la espera de ver como se decantaba aquel enfrentamiento. Así que, poco a poco, llevaba a sus rivales hacia el límite del camino. Un grito tras él le indicó que otro de sus hombres acababa de caer - ¡Maldición!- Pensó, mientras se giraba al tiempo que lanzaba un mandoble con su espada y cortaba las tripas a sus dos rivales en el mismo arco.

Con un par de saltos regresó al centro de la refriega, en la primera linea ya no quedaba nadie y un enemigo intentaba apoyar a los otros dos que peleaban justo ante el carruaje. De un impulso más le alcanzó por la espalda y en plena carrera, con un sólo golpe cayó al suelo, pero no antes de que otro de los defensores en el carro fuese herido y se desplomara contra el suelo.

Ninguno de los asaltantes sobrevivió a la llegada del capitán. El soldado que quedaba estaba herido en el brazo. En ese momento la vieja volvió a asomarse, en su mirada se apreciaba que acababa de contener un acceso de pánico.

- ¡Volved a dentro!- Dijo el capitán con total seriedad.

Cinco hombres más, dos de ellos con ballestas en la mano y apuntándoles, aparecieron.

- ¡Entregadnos a la princesa!- Exigió uno de ellos.

- Si no queréis acabar como vuestros amigos, os sugiero que deis media vuelta- Respondió desafiante el capitán dándose la vuelta y encarando a los nuevos adversarios. En sus manos las dos espadas estaban llenas de sangre.

- Está bien...- Respondió el otro encogiéndose de hombros e indicando con la mano al mismo tiempo que disparasen.

- ¡No te muevas!- Le ordenó al soldado y el capitán saltó hacia delante esquivando por muy poco uno de los virotes. El otro impactó en el carruaje muy cerca del otro.

Uno de los ballesteros murió de un tajo en su torso antes de que pudiera siquiera soltar su arma, otro, al lado suya intentó propinar un tajo al soldado pero éste contragolpeó cortándole el brazo del arma justo por encima de la muñeca. Mientras se desangraba no dejó de gritar.

Los otros tres dudaron unos instantes antes de intentar atacar, lo que hizo que el capitán ganara algo de ventaja. Con una rapidez asombrosa, más de la que el ojo podía captar, cada una de sus espadas atravesó a uno de los bandidos. Las hojas entraron limpiamente de frente y salieron por la espalda. En el centro de estos dos quedaba el que había exigido a la princesa que presa del miedo y la furia intentó aprovechar que las dos armas del otro estaban "atrapadas" en el cuerpo de sus hombres; pero su intento fue futuil, con un grácil voltereta hacia atrás destrabó sus espadas y, en pleno vuelo esquivó el arma y lanzó dos estocadas: la primera en la pierna derecha, haciéndo caer a su enemigo y la segunda a la garganta. El bandido se desplomó en el suelo antes incluso de que el otro tocara el suelo completando su giro mortal.

- ¡Sacad al ama y a su señora del carruaje! Montad en los caballos y no os detengáis hasta llegar a la posada- Ordenó a los dos hombres, soldado y cochero, que le miraban atónitos.

- Confio en ti Garal- Expresó el capitán al único de sus hombres que había sobrevivido.
- ¿Y vos capitán? ¿Qué vais a hacer?
- Me reuniré contigo en Astria.
- Bien.
- Una cosa más, cuando lleguéis a la posada encárgate de que se les da sepultura a nuestros hombres.
- ¡Así se hará!

Sin esperar ni un instante más el capitán espoléo su caballo y emprendió la marcha en dirección contraria a la que habían estado yendo.

28 octubre 2009

¿Por qué...? (ii)

Hace tiempo escribí esto: http://ciclosyespirales.blogspot.com/2009/10/por-que.html y alguien me pidió la respuesta, ahí va...



Begestos sabía a ciencia cierta que una mentira destruia, pero también era consciente de que existían verdades con igual efecto, así pues, ¿qué hacer? Tomó aire y comenzó a hablar con voz baja, pues las palabras apenas lograban brotar de su garganta, la mirada fija en su hermano.

- Porque tú mismo decidiste no tenerlas.

Algabel se quedó paralizado ante la respuesta -- ¡Qué había querido decir con aquello Begestos?-- Resonó ese pensamiento en su mente como un trueno. Sin pararse a pensarlo un segundo más se dejó caer al vacío desde la ciudadela del viento, su lugar de nacimiento, donde había pasado toda su vida.

Pronto Algabel no veía ni suelo ni ciudadela, tan lejos estaba de uno como de otra...

De esas reflexiones que no llevan a ninguna parte...

A veces recibimos una de esas punzadas que te hacen darte cuenta de que muchas veces ni siquiera sabes lo que sabes. De esas que te desorientan y te hacen plantearte qué de lo que conoces es cierto y qué mentira. Que te hacen querer saber si existen los grises o solo los blancos y negros.

Es un, ¿y entonces qué? ¿Acaso siempre hay misterios? Incluso de esos que no se quieren resolver o no se puede.

Cuanto menos, curioso.

Consecuencias (Astria III)

La taberna del Uro Blanco estaba repleta aquella noche, como era habitual durante las noches frías. También era una de las mejores, si no la mejor, de las de Pertasin. Además resultaba, tal vez en exceso, muy cosmopolita, cosa poco común en las tierras de Astria.

En el amplio salón del Uro Blanco se encontraba con facilidad gentes de más allá de las fronteras del reino y no sólo de los paises y reinos cercanos. Incluso de vez en cuando podían verse duendes, enanos y otras criaturas de la misma clase.

A pesar de estar llena, la taberna gozaba de bastante espacio entre unas mesas y otras por lo que no resultaba agobiante. En una de las mesas más al interior Telpontoc intercambiaba algunas palabras entre tragos de cerveza con otro.

- No creo que haya sido lo más prudente que has hecho en mucho tiempo.- Afirmó el primero.
- No, me temo que no, ya me estoy arrepintiendo de ello. Demasiado sin practicar, demasiado cansado.
- Al menos el comerciante cambiniano se ha ido contento.
- Sí ¡Demonios!¡Cómo odio todo lo relacionado con el nombre honorífico que me ha regalado el burgomaestre!
- ¿Entonces estás seguro de que nadie te ha visto?

Telpontoc miró al otro con verdadero gesto de preocupación y, antes de contestar, tomó un largo trago.
- No ¡Maldita sea! No. Y ese es el problema. ¡Catorce años! Y ahora...
- Sí, bastante tiempo la verdad, pero siempre fuisteis hábil y prudente, además de un buen maestro. No os preocupéis.
- Eso espero, que aún conserve parte de mi habilidad de antaño, si no...
- Si no ya habrían tirado abajo tu puerta y sacado a rastras de allí.
- Supongo.

Y con un gesto brusco hacia atrás de la cabeza el sastre echó el último trago a su jarra, apurándola por completo.

- Si no, al menos, no seréis el único en problemas y ahora, sintiéndolo mucho, es hora de la función.

El otro hombre se levantó sacando de debajo de su capa un pequeño laud, empezando a tocar mientras se aproximaba al fuego que ardía en el centro de la sala y, con voz grave, decía.

- ¡Escuchad! Buenas gentes, oid lo que Efannis de Bernet quiere deciros, pues la noche apenas comienza y las horas hasta el alba pasan más cortas oyendo una buena historia. Así pues, tras un atardecer, al comienzo de las sombras, comienza esta historia... ¡Oid!

Reto ( Astria II)

Abrió los ojos, al menos en su sueño, y pudo ver el halo de una luz amarilla que cada vez iba condensándose, más y más, hasta ganar en intensidad; para finalmente permanecer unos segundos como una pequeña esfera justo antes de desaparecer.

Sonrió, pero no sólo en su sueño, sino también en su cara de verdad. Acababa de descubrir un reto. Estaba lejos y, por lo que había vislumbrado, le sería dificil encontrarlo, pero todo aquello hacía que sintiera más ganas de emprender la marcha.

Abrió los ojos, esta vez sí realmente. Estaba sólo en su tienda de campaña, rodeado de la luz de varias velas, sentado sobre una piel de vaca enorme con las piernas dobladas y cruzadas entre si. El torso estaba desnudo por completo y los brazos descansaban sobre las rodillas. Sin hacer ningún tipo de ruido se levantó y alcanzó una bolsa de viaje en la que comenzó a meter algunas cosas.

En el exterior el aire era bastante frío, cosa normal, ya que el invierno se aproximaba con rapidez. Pronto las nevadas se harían frecuentes. A su alrededor iban y venían pequeños grupos de hombres, unos entrenando, otros preparando las armas. Llevaba con ellos más de un año y, aunque no quisiera reconocerlo, había desarrollado algo parecido al afecto hacia aquel grupo de mercenarios; pero había prioridades, siempre las había.

La tienda del capitán Beglios era algo más grande que el resto y estaba puesta siempre en un lugar más elevado que las demás. El hombre alto, musculoso, con el torso sin ropa, mostrando unos increibles tatuajes y con una mochila al hombro; se plantó frente a la mesa de Beglios.

- Ha llegado el momento.

Dijo sin añadir nada más, en un tono que no había réplica. El capitál alzó la vista de uno de los mapas que se hallaba estudiando y se quitó los pequeños anteojos dorados. Se levantó mientras aspiraba lentamente. Una vez completamente erguido, quedó patente que aún era más alto y grande que el otro. Tan sólo, en una pelea contra él, tendría en contra la mayor edad. Le tendió la mano al tiempo que decía.

- Sabíamos que este momento llegaría.

Ambos hombres estrecharon las manos y, durante unos segundos, midieron fuerza mientras sus miradas se cruzaban. El tatuado no tardó en soltar la presa, darse la vuelta y salir de allí. En menos de una hora el campamento quedaba completamente atrás y oculto en su totalidad a la vista. De todos aquellos hombres, en realidad, sólo echaría de menos a Beglios- Tal vez el camino del capitán de las Lanzas de Rentermin vuelva a cruzarse con el mío.- Pensó.

27 octubre 2009

Aguja e Hilo (Astria I)

No podía creerlo. No, para nada en absoluto. Aquello no podía estar sucediendo. Telpontoc se llevó las manos a la cabeza cuando un nuevo desastre se sumó a los que ya llevaba durante todo el día.

Todo había comenzado poco antes del alba, en cuanto había bajado al taller. Perberus se presentó sin las telas, los hilos de oro y plata, y las herramientas que debía traerle; jamás en 10 años le había fallado ¡Justo tenía que hacerlo aquel día! ¡Cuando venía el comerciante cambiniano!

Después de eso, cuando aparecieron Namir y Galvano, sus dos jóvenes aprendices, el telar se estropeó y, si aquello hubiera sido lo último, no habría sido un día por completo desastroso. Pero poco antes del medio día uno de los candiles se descolgó de la pared donde estaba colgado y produjo un pequeño incendio, que por suerte pudieron apagar con rapidez, pero no antes de que quemase tres de las prendas que tenían preparadas; precisamente para el comerciante cambiniano. En un santiamén tres semanas de trabajo, además de los materiales, se habían esfumado.


Había pasado media hora intentando comer algo pero le había sido imposible, simplemente no le entraba. Telpontoc miró el reloj, en menos de una hora el cambiniano estaría allí acompañado del burgomaestre. Sin duda éste último no iba a estar nada contento con "el sastre mayor de la ciudad de Pertasin". Odiaba aquel sobrenombre y, en momentos como aquel, aún más.

El taller estaba vacío, se había asegurado de ello, dándoles el día libre a sus dos aprendices ya que en el poco tiempo del que disponían nada podrían hacer, con la excusa de que era mejor que no estuvieran por allí cuando comenzaran a caer los rayos y centellas. Con un resplido de resignación tendió las manos frente a él y comenzó a agitarlas lenta y metódicamente. Sus dedos seguían unas trazas invisibles que sólo él podía ver. Poco a poco, el aire comenzó a condersarse y tomar forma. En menos de diez minutos tenía ante sí unos trajes completamente nuevos y un montón de telas exóticas.

- Odio hacer trampas, pero en este caso, no me ha quedado otra... ¡Maldición! - Pensó mientras encendía una varilla de incienso para eliminar el olor a quemado del pequeño incendio de la mañana.

Información al Navegante:

Quiero pedir al lector que pueda visitarme arrastrado por la fuerza de la espiral, que cuando lea algo en este blog sea consciente de que muchas entradas son escritas rápidamente y no realizo sobre ellas un minucioso examen de corrección ortográfica o gramátical. Aunque sin duda intento, dentro de lo posible, escribir sin errores de este tipo. Por ello estaré muy agradecido a todo aquel que se tome la molestia de indicarme cuando ha detectado algún fallo y también le pido, que por favor, no tome nada de lo que aquí se lea como lo correcto. Muchas gracias y ahora: ¡Disfruta perdiéndote estre Espirales!